viernes, 5 de julio de 2019

ADICTOS AL MISTERIO


¿Cuántos millones de personas consultan a diario su horóscopo en la prensa, en Internet o en una aplicación para el teléfono móvil? ¿Cuántos de ellos son condicionados por esos pronósticos gratuitos a la hora de tomar sus decisiones? 

Existen individuos incapaces de tomar una determinación profesional, personal o emocional sin consultar con su astrólogo, vidente o mántico habitual. A fuerza de delegar sus decisiones en un profesional esotérico, estas personas alimentan una adicción a la adivinación que termina por convertirlos en auténticos manticodependientes. 

El perfil psicológico del adicto a videntes 

Clara Tahoces es una consumada experta en la práctica y el estudio de las mancias. Con muchos años de consulta en su haber, es además una meticulosa investigadora que en 1991 inició el Proyecto Manteia, primer intento de realizar un estudio sobre las técnicas de adivinación, los mánticos y el mundo de la videncia profesional. 

Uno de los puntos más interesantes que Tahoces tocó en su investigación fue el de los manticodependientes, trazando un perfil tipo de los adictos a esta práctica, que posteriormente ampliamos con una encuesta incluida en la antigua página web www.mundomisterioso.com. Este es su perfil: 

— Con frecuencia plantean sus consultas como cuestiones de vida o muerte, llegando a presentarse en los gabinetes sin cita previa. 

— Mayoritariamente son mujeres, amas de casa con mucho tiempo libre que no han de justificar. 

— Las edades varían ostensiblemente, pero predominan las personas de entre treinta y cincuenta años. 

— Son individuos de carácter extremadamente inseguro y presentan graves alteraciones emocionales. 

— Muchos adoptan una especie de rito, acudiendo a la consulta el mismo día de la semana, con la misma vestimenta, a igual hora, etc. 

— Son muy supersticiosos, y achacan a causas esotéricas toda desventura o contrariedad en su vida. 

— En el 99 por ciento de los casos, la familia desconoce su actividad y adicción esotérica. 

— Presentan reacciones agresivas, no toleran ser contrariados. 

— Acostumbran a manifestar problemas de comunicación en su entorno familiar, laboral, sentimental, etc. 

— Se trata de sujetos extremadamente sugestionables. 

— Consultan al mántico cualquier cosa, por insignificante que sea, intentando condicionar el pronóstico. 

— Acostumbran a consultar al vidente una media, al menos, de una vez por semana. 

Con estas oportunas observaciones de Clara Tahoces, pudimos trazar un perfil tipo del adicto a las mancias. 

Al igual que un ludópata, estos insistentes consultantes confían esperanzados en algún elemento exterior capaz de solucionar sus problemas. De la misma forma, ansían la cita concertada por teléfono, la emoción previa de la consulta, la tensión mantenida en la sala de espera y, por fin, el encuentro con el mágico personaje que habrá de revelarles su destino inmediato… 

Las características del manticodependiente antes descritas convierten a estas personas en presa fácil de los timadores esotéricos sin escrúpulos. Es lógico. Partiendo de que los adictos realizan una media de una visita semanal, la suma de dinero invertida en el vidente es muy respetable. Teniendo en cuenta que una consulta de tarot, quiromancia o similares, cuesta entre treinta y cincuenta euros, ello implica una inversión del orden de ciento cincuenta a doscientos cincuenta euros mensuales en adivinos. ¿Qué economía media resiste este ritmo? 

Los videntes mínimamente éticos, y por desgracia no conozco más que un puñado de ellos, son los primeros en recomendar a los clientes demasiado insistentes que distancien sus consultas. En primer lugar, para dar tiempo a que los pronósticos se cumplan y, en segundo, para proteger al cliente de tan incómodas dependencias. 

Sin embargo, y por desgracia, los adictos a las mancias representan una gran tentación para los profesionales del esoterismo. En más de una ocasión, mánticos españoles me han justificado su actuación diciendo que es el cliente quien pide a gritos un «tratamiento continuado». Lo cual no sería reprochable, de no ser por los grandes desembolsos económicos que puede suponer para el consultante. Además, y esto es lo más grave, los adictos son los principales candidatos a todo tipo de estafas esotéricas como el «timo del trabajito», «la limpieza del dinero», etc. 



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