sábado, 20 de julio de 2019

AMOR, AMOR, AMOR... A MORDISCOS



Resulta sorprendente observar cómo la mayoría de los líderes de los movimientos de la new age, que dicen traer un mensaje de amor universal, se atacan entre sí. Pero también es comprensible, ya que si los mensajes son contradictorios, aunque aseguren recibirlos de los mismos maestros espirituales, solo uno puede tener la razón. Por tanto, quienes no digan lo mismo que él serán «falsos profetas».

No puedo evitar recordar el enojo de Juan Esther y de Giorgio Bongiovanni cuando intenté reunirlos a los dos ante las cámaras de la Televisión de Galicia… Y es que ambos, líderes de sus respectivos grupos religiosos, afirman ser la reencarnación del mismo profeta bíblico. Habría sido divertido ver cómo discutían cuál de los dos era más reencarnación de Elías que el otro… 

En otras ocasiones será una selecta terminología la que haya de encandilar al creyente. Estos profesionales de la nueva era tienden a fascinar al crédulo con términos como akáshico, etérico, manástico y demás esdrújulos esotéricos, cuanto más complicados, mejor. 

Estos expertos en esdrujulogía proclaman a los cuatro vientos grandilocuentes mensajes de amor y fraternidad en sus pedantes discursos pseudoespirituales: «¡Todos somos hermanos! ¡Llega la era de Acuario, reinará el amor! ¡Jesús nos ama! ¡Los extraterrestres nos aman! ¡Los guías espirituales nos aman! ¡Todos debemos amarnos!». Por desgracia, no suelen pasar de ahí. 

La palabra amor, ya erosionada por el excesivo uso, es solo un elemento más de marketing. Y lo peor es que incluso los mejor intencionados repiten una y otra vez la palabra verdaderamente convencidos de lo que dicen, pero sin levantar las posaderas de sus cómodas asanas yóguicas o de sus púlpitos de Acuario. Y, mientras estos prolíficos oradores siguen hablando y hablando de amor, el planeta sigue muriendo… 

Nadie negará a los profetas de Acuario que el amor es la puerta a esa nueva era de prosperidad. Pero, desgraciadamente, la gran mayoría se limita a magníficos discursos en los que se defiende su postura esotérica, tachando a los demás de falsos profetas, de anticristos o de simples farsantes. Casos como el de Giorgio Bongiovanni, que mezcla en sus apocalípticos mensajes a Jesús, los extraterrestres, Krisna, la reencarnación y el tercer mensaje de Fátima, son un excelente ejemplo. El espíritu de fraternidad cósmica que inspiró a Siragusa en los años sesenta se ha convertido en un cruel «quien no está conmigo, está contra mí», por el que todos los que no aceptamos el catastrofista discurso de Bongiovanni estamos condenados a la muerte física y espiritual… Eso sí, con mucho amor. 

Si todos estos hipócritas pseudoespiritualistas que tanto abundan en el movimiento new age se hiciesen de pronto donantes de sangre, seguramente estarían haciendo más por la humanidad que con tantos discursos vacíos y caducos. Seguramente, cuando tengamos que enfrentarnos a San Pedro en las puertas del cielo, es muy probable que una buena acción valga más que mil horas de meditación o cinco mil repeticiones absurdas de la palabra amor. 

Sin embargo, y es un rayo de esperanza, un puñado de individuos preocupados por la predicación de la nueva era también están preocupados por construirla. 

José Medrado, por ejemplo, es un conocido médium psicopictórico. Él utiliza su don para pintar en estado de trance cuadros atribuidos a los grandes maestros de la pintura y transmitir así su mensaje espiritista. El discurso de Medrado se diferencia en muy poco del de docenas de médiums, videntes y conectados de medio mundo. Pero lo que poca gente sabe es que el dinero que obtiene con sus cuadros va destinado a un orfanato que recoge a varias docenas de niños en Brasil: el Centro Espírita Cavaleiros da Luz. 

Medrado no solo habla de amor, sino que produce amor. No solo predica la nueva era; hace la nueva era. 

Bajo ese mismo espíritu, en octubre de 1992 se celebró en A Coruña el primer congreso-exposición sobre fenómenos paranormales íntegramente benéfico. Durante dos semanas se desarrollaron conferencias, así como una exposición sobre esoterismo y paraciencias, actividades destinadas todas a recaudar fondos para la Ciudad de los Muchachos Agarimo, un albergue para jóvenes con problemas fundado por el padre Nemesio Fernández Villa. 

A esa iniciativa siguieron otras, como el Congreso Paracientífico organizado por Vicente Moros en 1993 en Benicàssim (Castellón), destinado a recaudar fondos para Ayuda en Acción. O el congreso celebrado en Puerto Real (Cádiz), en diciembre del mismo año, también destinado a esta misma asociación. Hoy, y gracias a iniciativas como las lideradas por David Cuevas, los congresos benéficos proliferan en toda España. 

Estas ejemplares iniciativas ofrecen una alternativa a la hipocresía que desborda buena parte del movimiento new age. No basta con hablar de amor y fraternidad: hay que empezar a construir la nueva era.


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