martes, 16 de julio de 2019

LEYENDAS GRABADAS EN PIEDRA


En una isla perdida, en Nicaragua, nos encontramos leyendas ocultas en unos extraños petroglifos. Sin embargo, antes de afrontar acceder a los remotos bosques donde, tan solo a caballo, puede llegarse a los fascinantes grabados pétreos, otra sorpresa “astroarqueológica” nos aguardaba en el museo local. 

Un extraño aparato, equiparable a otros “objetos imposibles” como las “pilas de Bagdag” o la “máquina de Antikitera” -ejemplos de un desconcertante ingenio en el pasado remoto- había sido descubierto en Nicaragua. 

El instrumento en cuestión, se encuentra en el Museo Arqueológico de la isla de Ometepe, en el Lago Nicaragua, una remota isla (la más grande del mundo en un lago de agua dulce) formada por dos enormes volcanes, y plagada de leyendas. 

La isla de Ometepe, que fue habitada por diferentes culturas indígenas, entre ellas los indios nahuales y los mayas, es rica en restos arqueológicos, y entre ellos destaca esta pieza calificada como “utensilio óptico” por los arqueólogos. 

El “utensilio”, según el director del Museo Arqueológico de Ometepe, se utilizaba para la observación astronómica y la predicción del tiempo, lo sorprendente es que su datación histórica lo sitúa entre el 450 y el 500 D.C. 

Esta pieza, descubierta en la zona de San José del Sur, está compuesta por una pieza lenticular y dos bocas cilíndricas en las que se colocaban los ojos para observar los astros, como si de unos prismáticos primitivos se tratase. Pero no es el único elemento arqueológico extraño de la isla. Mucho más sorprendentes, si cabe, resultan los misteriosos petroglifos ocultos en diferentes lugares. 

Estos petroglifos, que según las dataciones científicas elaboradas por los arqueólogos se sitúan en torno al año 300 después de Jesucristo, se encuentran en puntos como San Marcos, Altagracia, en La Palma, El Porvenir, Las Cuchillas, Punta Gorda, Corozal Viejo, Socorro, Mérida, La Tijereta, etc, y lo que es más importante, en el interior de parcelas y haciendas privadas, como la Parcela San Ildefolso (en la Hacienda San Antonio), la Hacienda La Primavera o la Hacienda el Porvenir, propiedad de la familia de los Bolaños (emparentados con el vicepresidente de Nicaragua), que amablemente nos permitieron medir, estudiar y fotografiar los grabados de su propiedad, presentan además imágenes muy sugerentes, por ejemplo, extraños animales no conocidos en la isla, lo que supone un nuevo enigma en torno a cual fue la fuente de inspiración de los artistas. 

Tampoco deja de ser interesante el petroglifo llamado “El Mapa”; dos espirales unidas por el centro sospechosamente similares a lo que sería una vista aérea de la isla de Ometepe. Y sobretodo resulta especialmente fascinante el gran petroglifo llamado “El Calendario”. Según algunos estudiosos en ese antiquísimo grabado, que representa precisamente un calendario, se advierte también de la pronta llegada de los dioses. Dioses que, de vez en cuando, tal vez surcan los cielos de la isla. 

Y es que en la isla se conservan fascinantes leyendas asociadas a las sugerentes lagunas, que abundan en la isla. 

Una de las lagunas más sugerentes se encuentra en la cima del volcán Maderas, de 1394 metros de altura. En el interior de este volcán, extinguido hace años, se formó una cuenca de 800 metros de contorno, y de profundidad desconocida, que fue descubierta por Casimiro Murillo, el 15 de abril de 1930, tras escalar el Maderas, Coatlán en lengua nahualt, hasta su cumbre. Pues bien, un sábado, en pleno verano, se produjo un insólito acontecimiento en esa laguna. 

Eran aproximadamente las ocho y media de la tarde cuando, desde toda la isla pudo observarse un gran resplandor. Afortunadamente el resplandor que salía del volcán Maderas no era anuncio de un movimiento sísmico, sino de algo extraño. 

Eduardo Emilio Gómez, uno de los testigos, observó el incidente desde la población de Moyogalpa: 

“Después del resplandor –explica Eduardo- vimos salir una esfera de luz blanca, muy grande, enorme, del interior del volcán. Empezó a subir, y subir, sin hacer ruido, hasta que se perdió entre las nubes....”. 

Recordamos entonces que desde tiempos inmemoriales aquellos volcanes habían sido considerados morada de los dioses. De hecho el nombre nahualt de el Maderas, Coatlán, significa literalmente “lugar del sol” o “Lugar donde vive el Sol”. ¿Qué tipo de “sol” vive en ese volcán?. 

Aquella misteriosa esfera, que surgió de la laguna del Coatlán, y el resplandor que la precedió, fueron observados desde prácticamente toda la isla. A la mañana siguiente un grupo de campesinos audaces treparon hasta la cima del Maderas para investigar, pero no encontraron ningún pista que pudiese identificar la naturaleza de aquel extraño objeto que, en el silencio más absoluto, había surgido de las entrañas de la laguna volcánica. Sin embargo, y como era de esperar, algunos campesinos supersticiosos susurraron un nombre... “esto es cosa de Chico Largo...”. 

Y es que en Ometepe existe además una particularísima tradición ancestral que habla de una especie de mundo interno, o mundo subterráneo, oculto en otra enigmática laguna ometepeña: la Laguna Verde, sin duda el enclave más mágico de la isla. 

Precisamente en la zona de San Juan del Sur, donde fueron descubiertos los extraños “prismáticos para observación astronómica”, entre Sacramento y Los Ramos, y justo frente al islote del Quiste, se encuentra la Laguna Verde. 

La Laguna Verde tiene forma ovalada, de 300 metros de largo –de Oeste a Este- y 200 metros de Norte a Sur. Sus bordes están cubiertos de árboles de guabo, cocojonches, tulares, caballero blanco, conene, etc, y sobretodo, esta poblada de algas en abundancia, y eso es lo que le da su aspecto misterioso y su nombre, a causa del color que le da esa abundante vegetación. Sin embargo, el temor que suscita entre los nativos la Laguna Verde no se debe a su aspecto, a su frondosa vegetación, ni a ser un criadero de tortugas, cuajipales, anguílas, o cormoranes sino a la leyenda de su secreto: la ciudad subterránea de El Encanto.. 

Dice la tradición que durante el periodo colonial vivió en aquella zona Francisco Rodríguez, más conocido como Chico Largo, un joven alto, flaco, fuerte, de ojos negros, cabellos lacios, nariz afilada, labios finos, que vestía cotona de manta, sombrero de palma y caites. Gustaba de pasear a caballo por la noche, y jamás se le conoció relación con mujer alguna, lo que acrecentaba el misterio en torno a él.. Chico Largo era un chamán muy poderoso, descendiente de los brujos indígenas más sabios, que tuvieron que irse de Rivas al llegar los colonizadores españoles encabezados por Gil González Dávila, y cuyos descendientes viven aun en la isla. Al parecer Chico Largo poseía increíbles poderes sobrenaturales y a el acudían tanto nativos como colonos en busca de sus favores mágicos. 

Cuando alguien hacía un pacto con Chico Largo, para obtener dinero, poder, salud o prosperidad, el brujo utilizaba sus artes mágicas para lograr lo pedido, pero, si una vez obtenido el favor, no respetan su pacto con Chico Largo, este los conducía a un extraño lugar, una especie de ciudad subterránea ubicada en torno a la Laguna Verde, llamada por los lugareños “El Encanto”. 

Lo verdaderamente insólito es que algunos cazadores, que se han perdido en la zona mientras seguían frenéticamente a su presa entre los bosques de la Laguna Verde, aseguran haber llegado a ese lugar llamado “El Encanto”. 

En aquella ciudad los traidores al pacto, según la leyenda, eran convertidos en animales y esclavizados. Lo curioso es que la leyenda de los hombres convertidos en animales se mantiene hasta nuestros días, y algunos carniceros de Ometepe juran haber descubierto, en algunos novillos y vacas sacrificadas, dientes de oro, lo que mantiene la leyenda. 

Sin embargo, quizás lo más curioso de esta historia es que todavía en la actualidad se producen extraños fenómenos, o encuentros con misteriosas entidades en la isla, que son interpretados por los nativos como obra de Chico Largo, reforzando así el mito. 

Por ejemplo, en 1979, cuando triunfó la Revolución Sandinista –cuenta Manuel Hamilton Silva- se construyó una fortaleza en la que mantenían un piquete. Una noche, mientras uno de los vigías hacía su guardia vio venir hacia el acuartelamiento, de frente, un bulto negro. El vigilante le dio el alto pidiendo que se identificas, a medida que aquel bulto se acercaba cada vez más y adoptaba ya una forma antropomorfa de gran tamaño. Al proseguir su acercamiento sin identificarse, el soldado amartilló el arma, pidiéndole a aquel ser que se detuviese. Ante el caso omiso que hacia, abrió fuego, descargando todas las balas de su fusil AK sobre él, pero no pudiendo detener su marcha. El ser llegó hasta el soldado arrebatándole el arma y golpeándolo. Se armó un caos en la fortaleza y todo el contingente militar se dio a la huida. Para los nativos aquel ser era Chico Largo que, desde la ciudad subterránea de El Encanto, en la Laguna Verde, continúa protegiendo la isla.

Según pude comprobar en diferentes pueblos de la isla, y del resto del país, el arte popular ha representado con frecuencia tanto esos extraños seres, como Chico Largo, o esas extrañas luces que sobrevuelan el volcán Coatlán o el Maderas...  

Independientemente de que compartamos o no las leyendas tradicionales, no podemos negar lo hechos. 

Y es un hecho que existen sorprendente sincronicidades entre las leyendas orales y escritas de pueblos insulares o continentales, en torno a ese inminente retorno de los dioses. 

Y es un hecho que existen no menos coincidencias entre enigmas arqueológicos como los petroglifos de Ometepe o petroglifos similares en Cuba, Venezuela o Argentina. Y lo mismo ocurre con algunas piezas arqueológicas que han llegado a nosotros. Las representaciones de los dioses de la cultura de Tumaco, o de la cultura Taina, harían palidecer las visionarias interpretaciones danikenianas del “astronauta de Palenque”, al aparentar, con mucha más nitidez que el soberano Pakal, la representación de modernos cosmonautas. 

Y también es un hecho que los avistamientos OVNI ocupan con creciente frecuencia los titulares de prensa en todo el continente americano. Recientemente ha sido Perú el país asediado por las noticias ovni, antes Argentina, antes Chile, antes México... Probablemente la respuesta a esa psicosis OVNI se encuentre más en la sociología de fin de milenio que en un inminente Contacto con los antiguos dioses “extraterrestres”... ¿o no? 

Sin embargo, lo más inquietante es que en muchos países comienzan a organizarse grupos, más o menos sectarios, que proclaman una especie de nacionalismo OVNI, reivindicando las antiguas tradiciones incas, mayas o aztecas, o simplemente profetizando un contacto masivo con alienígenas. 

Dichos grupos, según hemos podido comprobar en diferentes países, proclaman una especie de sincretismo ufologico-esotérico-religioso sin precedentes. 

En Haití, por ejemplo, pudimos visitar varias iglesias de Puerto Principe en las que se conservan obras de arte representando conceptos bíblicos tan manidos como la “Nueva Jerusalén” que descenderá del cielo según el Apocalipsis (Capítulo 22.2), y que han llegado a ser interpretados, incluso por famosos sacerdotes (houngan) de la religión Vodú, como la morada de los loas (dioses del panteón vodú) que pronto reinará sobre la tierra. 

Esas legendarias ciudades que descenderán del cielo aparecen como elemento recurrente en tradiciones antiguas de todo el mundo, como recurrente es el “mito del eterno retorno” tan estudiado por historiadores de las religiones como Mircea Eliade. Pero ¿es solo un mito? 

Para grupos de personas, fundamentalmente indígenas, de diferentes países del continente, las viejas estelas mayas, los antiquísimos petroglifos, y las leyendas de tradición oral auguran un mismo hecho: el inminente retorno de los dioses...


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