martes, 9 de julio de 2019

LOS PLATILLOS "DOMESTICOS"


La revista de divulgación científica "Mecánica Popular" publicaba en Septiembre de 1957 un artículo de Thomas E. Stimson sobre los nuevos diseños de "coches aéreos" que la compañía Hiller Helicopters pretendía fabricar a medio plazo.

Los curiosos diseños que aparecen en las ilustraciones se basan en el principio del "abanico cubierto", siendo aeronaves del tamaño de un coche con caprichosas formas y sistema VTOL (despegue-aterrizaje vertical). Según Stimson, los curiosos "coches aéreos" podrían llegar a alcanzar los 160 km/h y, en 1967, dejar de ser un boceto en el papel para convertirse en una realidad.

Los diseños de "abanico cubierto" aventajaban en prestaciones a helicópteros y aviones convencionales, pudiendo evolucionar entre edificios, acceder a lugares escabrosos, etc.

Lo curioso es que sólo un año después, en mayo de 1958, la prestigiosa revista francesa "Science et Vie" publicaba ya la fotografía de un prototipo de uso militar fabricado por la U.S. Army.

Es el enésimo ejemplo de que la industria privada está muchos años a la zaga de la investigación militar y del secretismo que oculta al público dicha investigación.

Mientras se construían los prototipos discretos (por no decir secretos) de "coches aéreos" por parte de los militares norteamericanos, un joven apasionado por el aire y el sueño de volar, diseñaba sus primeros bocetos de ingenios aéreos en una granja de la Columbia Británica (Canadá). El joven Paul Moller no imaginaba entonces que, diez años después, él mismo pilotaría un "platillo" y, treinta años más tarde, los comercializaría públicamente.

De esta forma, una tarde de abril de 1968, Paul Moller (graduado con un master en ciencias por la Universidad de McGill, en Montreal), ya profesor en la Universidad de California, convocó a la prensa en el aeropuerto de Davis. Bajo un cielo encapotado, con bomberos, ambulancias y demás medidas de precaución necesarias, Paul Moller probaba sus primeros prototipos de "platillo volante". Construídos con cuatro motores de motocicleta, los prototipos mono y biplaza no pudieron efectuar un vuelo "de verdad" al carecer Moller de licencia de piloto. Pese a ello, y aún con una cierta inestabilidad, lo cierto es que sus "platillos volantes" se elevaron del suelo y demostraron que podían volar.

Veinte años más tarde, Moller volvería a convocar a la prensa. En esta ocasión, la exhibición se realizaría en el exterior de la Moller International, una compañía de aviones pequeños, de la que el ingeniero había obtenido parte de los fondos para perfeccionar su sueño de juventud.

Y por fin, en el mismo Davis, California, donde hacía décadas que Paul Moller perfeccionaba sus "platillos volantes", se convocaba a periodistas de todos los medios audiovisuales del país. En esta ocasión el ingeniero, ya con 52 años a sus espaldas, estaba más nervioso aún que en la exhibición anterior. De esta demostración dependía que los inversores estuviesen dispuestos a subvencionar la producción en serie de los platillos volantes y otros "coches voladores" de Moller.

Para la demostración, nuestro hombre -que pilotaría personalmente el aparato como había hecho 20 años antes- eligió el 200-X, uno de los prototipos que había diseñado.



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