miércoles, 3 de julio de 2019

OVNIS: CRÓNICA DEL CASO MÁS ESPECTACULAR (AÑO 1992)



Crónica del caso más espectacular

El 5 de noviembre de 1990, miles de personas en todo el mundo presenciaron extraños fenómenos en los cielos. 

Investigadores locales estudiaron casos aislados, pero aún no se habían reunido todas las piezas del puzzle en ningún medio de comunicación. 

Estas son las piezas, los protagonistas y los hechos del último macroavistamiento Ovni.

Por Manuel Carballal 

Habíamos salido de barajas a las 13,50 de ese fantástico lunes 5 de noviembre. Siguiendo mi costumbre, una vez completado el despegue, abordé a la azafata de ese vuelo Iberia 581 desplegando toda mi elocuencia para que me permitiese visitar la cabina y entrevistar al comandante. 

No sé si fueron mis dotes de convicción o una «casual» broma del destino de que mi billete figurase a nombre de Manuel «Benítez» Carballal (una oportuna confusión de la agencia de viajes) lo que me posibilitó entrevistar al comandante Recarte, quien incluso me permitió participar del aterrizaje en la misma cabina. 

Cuando tomamos tierra no podía imaginar que sólo cuatro horas después, los controladores del aeropuerto de Santiago (según publicó la prensa local), junto con controladores y pilotos de otros aeropuertos españoles, serían testigos, entre otros miles de personas, de un insólito fenómeno aéreo. 

No es fácil hacer una cronología de los acontecimientos ya que el fenómeno se produjo en distintos países, con los correspondientes cambios de horarios. 

Por otro lado, si hiciésemos caso de los diferentes artículos aparecidos en la prensa nacional e internacional, esa tarde-noche, ocurrieron todo tipo de cosas en los cielos... o quizás el mismo fenómeno tuvo diferentes interpretaciones. 

Empieza el avistamiento 

Sea como fuere, todo se inició aproximadamente a las 19,00 (hora española). En distintas poblaciones como Oleiros (La Coruña), Riosa o Pineres (Asturias), o San Sebastián, testigos de toda índole avistaban una «bola de fuego» que cruzaba el cielo a considerable velocidad y en el más absoluto silencio. 

El Sr. A. Eiroa, técnico de Radio Nacional de España en La Coruña, me describe: «Estaba en la terraza de casa, en Oleiros. Aún había luz, cuando lo vi era una especie de bola de fuego, muy brillante; quise llamar a mi esposa para que también lo viese, pero ya no me dio tiempo». 

En San Sebastián, un testigo que en ese momento se hallaba pescando plácidamente en su barca, me describía con idénticas palabras el suceso presenciado por él. Pero unos minutos después se produjeron nuevos fenómenos. Con increíble coincidencia, testigos de lugares tan dispares como Verín (Orense) u Oviedo, describían una especie de gran «explosión» en el cielo y una especie de nube oval, de la que habrían salido una serie de objetos de menor tamaño. En una profunda investigación realizada en distintas poblaciones gallegas por Carlos Fernández y Marcos Conde, estos ufólogos localizaban testigos como Manuel Aparicio, o José Pérez Regueiro que incluso hicieron dibujos casi idénticos de lo que habían visto poco después de las 19,00 del 5 de noviembre. «Era una especie de nube que se desplazaba en el cielo. De pronto hubo una explosión y salieron dos o tres objetos de forma indefinible (quizá triangular, afirmaron testigos asturianos), que pronto desaparecieron.» Interrogado acerca de la impresión de su experiencia, José Pérez Regeiro, testigo rural que vio el/los Ovnis desde Rabal, en la frontera galaico portuguesa, respondió con un contundente: ¡Camilo, parecía o fin do mundo! 

El Ovni recorre España 

El caso no afectaba a un puñado de testigos rurales, ni mucho menos. Según información de distintas agencias de prensa, numerosos pilotos civiles y militares, así como controladores de vuelo de Santiago de Compostela, Madrid, Zaragoza, etc., habían presenciado el fenómeno. Sí he de reconocer, no obstante, que nuestra consulta (gracias a previas gestiones del investigador madrileño Enrique Padial) al Centro Controlador de Vuelo de Paracuellos del Jarama fueron infructuosas, al igual que las realizadas al Ministerio del Aire y Ministerio de Defensas. 

Mis fosas nasales nuevamente se toparon bruscamente con la sólida puerta del Ejército del Aire: ¡Materia Reservada! Es importante resaltar, sin embargo, que el gran número de testigos desde distintas poblaciones ha permitido a algunos de los ufólogos llegar a trazar «ortotenias» sobre trayectorias parciales de los Ovnis del 5 de noviembre; como la descubierta por Feliciano Romero (constatado por Fernández y Conde) entre Rabal, Verín y Matamá. Una perfecta línea recta en el mapa de Galicia. Galicia, Asturias, Euskadi, Cataluña, Aragón... la tarde-noche del lunes 5 de noviembre fue prolífica en experiencias Ovni en la mitad norte de España.

Más allá de nuestras fronteras 

Salvo pequeñas reseñas en la prensa local de distintas poblaciones españolas, el macroavistamiento del 5 de noviembre fue referenciado en los medios de comunicación españoles, inexplicablemente, como un incidente ocurrido en otros países como Reino Unido, Suiza, Francia, Italia... Y es que en toda Europa se produjeron extraños sucesos aéreos ese día. 

Entre las 19,00 y las 22,30 ocurrieron todo tipo de cosas en los cielos europeos. Tan sólo en el banco de datos de Chatillón (París) se recogieron más de 400 testimonios de fenómenos luminosos en el espacio aéreo francés. A las 19,00 horas local (18,00 gmt.), testigos franceses avistaron un «platillo volante romboidal», o un «Ovni triangular pestañeante» durante casi cinco minutos. En ese país la Dirección General de Aviación Civil confirmó la presencia de numerosas observaciones procedentes de medios aeronáuticos. No obstante, y al igual que había ocurrido paralelamente en España, los radares no captaron absolutamente nada. 

Incluso el SIRPA (Servicio de Información y de Relaciones Públicas de los. Ejércitos), informó que en aeropuertos franceses, como Orly o Roissy-Charles de Gaulle, se habían registrado denuncias de presencia Ovni. En Inglaterra, testigos londinenses habían presenciado las mismas evoluciones del Ovni triangular que también había sido visto en Suiza y ¿cómo no? en Bélgica, país que ha estado viviendo una auténtica macro-hiper-oleada de incidentes Ovni en los últimos dos años, protagonizadas incluso por ufólogos y militares que participaban en las investigaciones... Pero eso merecería un artículo aparte. 

Una hora después del incidente en Londres, testigos de Turín, Génova y otros puntos de Italia denunciaban la presencia de «bolas de fuego» en su espacio aéreo. Exactamente igual que ocurría en España. Otros curiosos incidentes se producían, por ejemplo, en Alemania, donde un avión en ruta Bruselas Francfort era adelantado en vuelo, a las 19,00 hora española, por un meteorito a 9.000 metros de altura (?). 

¿No era físico? 

Como ocurre siempre, los ufólogos y los testigos, a pesar de ser estos pilotos militares o civiles, controladores de vuelo y demás profesionales del aire, son «tontos de capirote». El viernes 9 de noviembre, cuatro días después del incidente, el Centro Nacional de Estudios Espaciales hacía pública en España la nota difundida por la NASA a centros similares en toda Europa: «El Ovni avistado en Europa el 5 de noviembre de 1990 era un cohete que se había utilizado en el lanzamiento del satélite soviético Horizont-21 el 3 de octubre». Con lo cual ya podíamos archivar el caso. 

Un cohete del Horizont- 21 había estado dando vueltas por ahí arriba hasta el 5 de noviembre, fecha en la que había tenido la ocurrencia de reentrar en la atmósfera terrestre, pero para que pudiésemos verlo todos, tuvo la cortesía de reentrar y requete-reentrar en la vertical de distintos países, a distintas horas y con distintas formas. Todo un detalle... No obstante, resulta ciertamente contradictorio que un cuerpo de tales características no sea detectado por ninguno de los radares militares y civiles, por ejemplo en Francia, los cuales vigilan el espacio aéreo hasta 12.000 metros. Pero es que a partir de una mayor altitud el cielo está controlado por los radares telemétricos y los satélites, los cuales tampoco detectaron nada. Y si lo hicieron, esa información fue ocultada a los periodistas. 

Un caso no intoxicado por contactados 

Este caso, a pesar de su trascendencia y dado que la prensa no especializada no lo ha tratado como quizá se debía, no ha facilitado argumentos para las habituales interpretaciones esotéricas de los contactados. A pesar de lo espectacular del acontecimiento, la no conclusión de la investigación hasta el presente artículo, por suerte no ha favorecido una nueva excusa para los «ufólatras» (adoradores de los extraterrestres). Muy probablemente no tardarán en surgir nuevos mensajes e interpretaciones mesiánicas de este aséptico caso Ovni. Esperemos que no sean demasiado descabelladas.

La negación de los racionalistas 

Esta podría ser la otra cara de la misma moneda. Como es habitual, tanto escépticos negativistas (pseudocientíficos e inquisidores por naturaleza) como contactados o ufólatras, buscan a priori argumentos que avalen sus respectivas hipótesis o creencias. Tal es el caso del Ovni del 5 de noviembre. Cuando fallaron las teorías convencionales del globo sonda, el famoso rayo en bola, aviones, helicópteros y demás artilugios voladores, sólo quedaba la versátil hipótesis del «bólido meteórico» o la reentrada de un satélite. Precisamente esta teoría fue utilizada por nuestros «eminentes pseudocientíficos escépticos» españoles. En un reciente programa televisivo sobre el fenómeno Ovni, don Félix Ares de Blas, a la sazón presidente de la Alternativa Racional a las Pseudo Ciencias, escupía su dogmatismo o dictamen llenándose la boca con la palabra ciencia. Con tono irónico y sonrisa sardónica, concluía que la naturaleza del supuesto Ovni estaba perfectamente explicada. 

Me gustaría saber en qué ha consistido su investigación, y si este señor ignora que uno de sus vecinos de la calle Carlos I de San Sebastián recogió conmigo algunos de los casos del avistamiento de ese día en los cielos vascos. Por último, quisiera recordarle al señor Ares que también él fue testigo de un avistamiento Ovni allá por el 4 de febrero de 1969, aunque me imagino que ahora, que es un «sesudo científico», también sabrá que los Ovnis no existen.



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