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martes, 23 de julio de 2019

AL ENCUENTRO DE LA MUJER SHAMAN


En los días que pasamos en la región del Hosvold (Siberia) pudimos contactar con varias familias nómadas pertenecientes a otras etnias. De hecho nuestros caballos nos los alquiló una familia darkhad que, literalmente, nos “secuestraron” para agasajarnos con las ofrendas que la proverbial hospitalidad mongola obsequia al extranjero: airag (leche de yegua fermentada), queso y demás lácteos hechos con leche de yak, vodka, tabaco de esnifar, etc. Y de su mano pudimos conocer algunas tradiciones y costumbres rituales ancestrales. Y ellos también nos pusieron en la pista de una familia tsatan que, al parecer, se había acercado al lago para disfrutar de los mejores pastos para sus renos en el corto verano. Al llegar el cambio de estación retornarían a las lejanas montañas. Así que salimos inmediatamente en busca de esa familia en la que, según nos indicaban, encontraríamos una auténtica shaman. 

Y los encontramos. Y cuando atisbamos entre la densa arboleda el característico “tipi” tsatan, y la nutrida manada de renos, mi entusiasmo era indescriptible. Se trataba de una familia tsatan completa compuesta por el matrimonio de Enhe y su esposa, la shaman Dúzhi Ragchá, sus dos hijas (una de ellas con visibles indicios de deficiencia mental), el hermano de la shaman y asistente suyo en los rituales Nasanhuyan, y la madre de este, que también asistía a su hija en los rituales mas importantes.


Pero mi gozo se volvió decepción cuando la shaman se negó a mostrarnos sus facultades y a contarnos sus vivencias shamánicas. La proverbial hospitalidad nómada no incluía que unos extranjeros profanasen sus creencias sagradas. Afortunadamente, tras una larga discusión nuestros guías consiguieron franquear su desconfianza. Supongo que los trucos de ilusionismo con los que yo entretenía a las niñas mientras tanto terminaron por despertar su curiosidad hacia “el blanco de los cabellos largos”. El caso es que al final abandonábamos el campamento tsatan con su permiso para regresar un par de días después, para presenciar un ritual que se celebraría para alguien que venía desde muy lejos (?)

Evidentemente el día y a la hora concentrada estábamos de regreso en el campamento tsatan. Los visitantes, a los que se sometería al genuino ritual de shamanismo tsatan, no eran sino una humilde familia de pastores que habían llegado al lago Hosvold desde Tsontsenguel, a unos 170 kilómetros de distancia. Me gustaría subrayar este punto porque, tras haber recorrido más de 6000 kilómetros por aquellas regiones, en poderosos 4 x 4 que debían circular a una media de 30 km/h a causa de la ausencia total de carreteras, puedo certificar que esa familia debía tener mucha fe en los poderes de Dhúzi Ragchá, como para recorrer esa distancia, tan solo para consultar a la shaman.

Antes de iniciarse el ritual invertimos algún tiempo en compartir comida y bebida con nuestros anfitriones para intentar ganarnos su confianza y conseguir que se sintiesen cómodos con la presencia da aquellos extranjeros llegados de algún lejano lugar llamado España, palabra que, lógicamente, no habían escuchado jamás.

Por fin llego el momento tan ansiado, que resumo telegráficamente. A las diez de la noche comienzan los preparativos. Nosotros comprobamos por enésima vez las cámaras de fotos y las de vídeo, las grabadoras magnetofónicas, etc. Y comienza el ritual.

Con gran solemnidad Nasanhuyan y Enhe (diminutivo cariñoso de Enkhbat), hermano y marido respectivamente de la shaman, presentan sus saludos al “altar” de los espíritus y toman el vestido sagrado, que sacuden enérgicamente tres veces. Este vestido, que el shaman siberiano solo se pone en los rituales, es su “armadura” en el reino de los espíritus. Esta confeccionado con infinidad de símbolos que tienen, todos y cada uno de ellos, una función concreta. Las plumas y los flecos que atiborran el sombrero y el traje de shaman simbolizan las alas del águila, con las que volará a los mundos invisibles; las campanillas y los huesillos que adornan la espalda –considerado el punto más débil del shaman en sus viajes al mundo de los espíritus- deberán espantar a los malos espíritus con su tintineo, y a la vez atraer a los buenos. El tambor, hecho de piel, y la “baqueta” con que se golpea, hecha de espinas de pescado (animal sagrado) supondrán el “telégrafo” con el que hablar con los espíritus y cuyos toques y ritmos nos indicarán en que momento del viaje se encuentra la shaman... Antes de entregarlo a la shaman uno de sus asistentes lo hace sonar tres veces.

La colocación del vestido sagrado se hace en medio de un respetuoso silencio. A la vez, la madre de Dúhzi Ragchá arroja al aire gotas de leche para ahuyentar a los malos espíritus. Mientras, yo me tomo la molestia de contar el número de personas que estamos dentro de la tienda tsatan, que no pasa de los 4 metros de diámetro, y somos 33 (durante el ritual oscilaríamos entre 30 y 35 al entrar y salir algunas personas más).

Por fin, una vez “armada” con su tambor y su traje sagrado, al principio muy lentamente, la shaman comienza sus cánticos y letanías para llamar a los espíritus, acompañada en dichos cánticos por su madre. 

23:00, los toques de tambor son cada vez más enérgicos, y las letanías parecen más sentidas. Enkhe está situado en todo momento detrás de su esposa sujetándola con fuerza por la espalda. Mas de una veintena de mongoles siguen con todo detalle y gran reverencia las evoluciones de la danza shamánica. Nosotros comenzamos a impacientarnos. El espacio es muy reducido y el ambiente está muy cargado. Apenas tenemos espacio para nuestros tiros de cámara y no queremos invadir el que dispone la shaman para su baile. Nos sorprende observar con que soltura se mueve a pesar del escaso sitio de que dispone.

23:14 algunos devotos se arrodillan a los pies de la shaman en señal de saludo y sumisión a los espíritus. La tsatan, que ya esta en trance, lanza violentas patadas que pasan rozando la cara de los devotos, a los que golpea con las colas de su vestido. Yo concentro toda mi atención en intentar avistar el rostro de la shaman a través de los colgantes de su sombrero que le cubren toda la cara, pero al fin, en alguno de los giros que hace durante el baile, observo que, efectivamente tiene los ojos cerrados.

23:26 La shamán se desploma por tierra llevándose por delante mi grabadora magnetofónica que escupe las pilas por todo el “tipi”. Sus asistentes intentan sujetarla para que no se haga daño al caer al suelo, pero aun así la caída es aparatosa. Solo en ese instante, en que aparentemente se ha desvanecido, deja de tocar el tambor. Una vez puesta en pie de nuevo por sus asistentes, estos le entregan con gran solemnidad el tambor y continua la danza.

00:02 (aprox). Llega el momento del oráculo. Uno a uno todos los mongoles y un solo europeo (yo) nos arrodillamos ante la shaman y tendemos ante ella una prenda de nuestras ropas. Ella deja caer sobre dicha prenda la maza de espinas con la que toca el tambor. Dependiendo de la posición en la que caiga la maza reaccionará de una forma u otra. Observo que ante unos dispara una patada o se revuelve violentamente; mientras que ante otros vuelve a tirar una y otra vez su “vaqueta” sobre nuestras ropas como si quisiese obtener más información. Mas tarde me explicarían que este sistema sirve para consultar al mundo sobrenatural sobre la existencia de espíritus “buenos” o “malos” a nuestro alrededor. Afortunadamente en mi caso los supuestos “espíritus”, según el oráculo tsatan, eran favorables.

En base a esta información más tarde la shaman elaborará un diagnóstico en torno a la consulta que le haya echo el devoto y, si procede, emitirá un tratamiento “mágico”. 

00:14 La madre de la shaman parece establecer en todo momento un diálogo con el espíritu que posee a la shamán. Y llegados a este punto comienzan a despedir a las entidades que han visitado el “tipi”...

Mas tarde, con la misma solemnidad con que se lo colocaron, los asistentes desprenden a la shamán de sus “herramientas” y del vestido sagrado. A continuación nos ofrecen a todos los presentes dulces, airag, carne y leche; debemos celebrar que los espíritus nos han sido propicios.

Aprovechando la armonía reinante grabamos una entrevista con Dúhzi Ragchá y disfrutamos durante un buen rato de la hospitalidad tsatan que llega al extremo de que nos ofrezcan pasar la noche en su tienda...




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