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domingo, 24 de noviembre de 2019

EL CULTO MAXIMÓN. DIOSES QUE INVENTARON A DIOS



Por primera vez la teología, la arqueología y la antropología aúnan argumentos para intentar responder a uno de los mayores misterios de nuestra historia, el transito entre el culto a los muertos y la aparición de los “dioses”.

Completamente borracho el “Custodio” (vigilante) de Maximón (o San Simón) nos flanqueó la entrada a la mugrienta habitación, convertida ahora en improvisada capilla. Dentro, otro “Custodio” aún más borracho, intentaba explicarle la historia de San Simón a un antropólogo norteamericano que, con cara de perplejidad, asentía en silencio, como si pudiese entender algo de lo que farfullaba el alcoholizado vigilante del Santo, cuya lengua chasqueaba en cada palabra.



Nosotros contuvimos la sonrisa mientras nos arrodillamos ante la imagen del Santo para presentarle nuestros respetos. Habíamos cruzado todo el lago Atitlán para poder fotografiar, en Santiago de Atitlán, a este Santo de las Prostitutas y el Alcohol, que veneran con insólita devoción miles de peregrinos que, desde todo Guatemala, e incluso desde otros países, viajan hasta Santiago para pedirle sus favores.

Para los cristianos, Maximón o San Simón es San Judas, y su devoción es tan comprensible como la de cualquier otro santo católico, a pesar de ser el patrón de tan irreverentes placeres carnales. No debía extrañarnos por tanto que los vigilantes del santo, como acto de “devoción”, se pasasen todo el día agarrados a la botella de ron, cantando alabanzas al Santo, y cogiendo tan espectacular cogorza.

Sin embargo, aquellos custodios no solo eran cristianos, sino que pertenecían también a La Costumbre, la religión producto del sincretismo entre el cristianismo impuesto por los conquistadores españoles, y la tradicional religión Maya. Y ante nuestras inagotables preguntas sobre el origen de esta tradición, uno de los custodios, cuya lengua patinaba cada vez más a causa del alcohol, nos espetó la siguiente sentencia...

“A Maximón le gustan mucho las mujeres, como a los dioses que vinieron del cielo hace miles de años y se juntaron con la primeras mujeres mayas, y de allá vinimos nosotros...”.


No hay forma de saber si aquel alcoholizado custodio hablaba solo empujado por su fantasía y el ron, o era consciente de lo que acababa de decir. Pero en su frase había apuntado hacia uno de los enigmas más fascinante de nuestra historia, el origen de la religión.


DIOSES QUE INVENTARON A DIOS

En 1980 se publicó un librito en España que pasó absolutamente desapercibido. Se trata de “Los Dioses Creadores de Religiones” del Dr. Frederick L. Beynon (pseudónimo). En esta obra el Dr. Beynon plantea unas interesantes y novedosas reflexiones teológicas sobre el origen de los dogmas en que se han erigido la mayoría de las religiones tradicionales.

Beynon no solo hace una exhaustiva recopilación de leyendas y tradiciones orales de todas las culturas del mundo en torno al origen de la religión y los dioses “venidos del cielo” que las crearon, sino que ofrece una reinterpretación antropológicosocial sobre la aparición de la teología en las culturas primitivas.

Es un hecho que la primera forma de culto sobrenatural, o de religión primitiva, fue el culto a los muertos. La concienciación de la muerte en los primeros hombres prehistóricos, y su descubrimiento de que la vida física concluye en un momento determinado, supusieron una autentica revolución en su existencia. El arte, la cultura, y toda expresión social en aquellas primeras tribus prehistóricas sufrió una auténtica revolución con el descubrimiento de la muerte. Y así surgió una primera forma de religión natural: el culto a los muertos. Sin embargo, el concepto de “Dios” o de los “dioses” es muy posterior, y no surgiría ningún tipo de culto, además del profesado a los muertos, hasta siglos después.

Para el Dr. Frederick Beynon no resulta admisible la cadena “teológica” oficialmente admitida, es decir, el hombre primitivo primero rindió culto a sus muertos, y después a los espíritus que adquirirían formas zoomorfas, para luego convertirse en los dioses que han dado lugar a las religiones que ahora conocemos. Muy por el contrario, en su opinión, el hombre primitivo no poseía patrones de referencia, ni razones para dar el salto espontáneo del culto a los espíritus convirtiéndoles en seres zoomorfos y menos aún en seres llegados del espacio, como se recoge en miles de leyendas nativas en todo el planeta.

Ante el postulado universalmente reconocido en todas las facultades de Teología del mundo, de que “el hombre es un animal religioso por instinto”, Beynon asegura que el hombre primitivo, como “animal evolucionado” que era, solo poseía dos instintos naturales, el de reproducción y el de conservación. En su opinión el hombre de las cavernas rindió culto a sus muertos al encontrarse espontáneamente en su habitat natural con el fenómeno del fallecimiento de sus compañeros, pero no poseía capacidad intelectual para inventarse las complejas teologías y cosmologías que acompañan el culto a numerosos dioses primitivos. Entonces ¿de donde surgen esos cultos a los dioses primitivos?



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