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jueves, 2 de enero de 2020

ESPIRITUS, CHAMANES Y CABALLOS


Los animales, que murieron de agotamiento en las carreras del último Naadam, habían sido entrenados minuciosamente durante los últimos meses. Y es que, antes del Naadam, durante fiestas locales celebradas en junio y julio, se desarrollan competiciones de caballos y lucha similares, aunque a mucha menor escala, a las del Naadam.

Esas celebraciones populares suelen tener como punto de referencia un ovoo. Esta especie de ídolos totémicos están situados en numerosos cruces de caminos a lo largo de todo el país, y en ellos se detienen todos los viajeros para dejar una pequeña ofrenda, y pedir la ayuda de los dioses para un buen viaje. 






Los ovoos tienen su origen en la tradición chamánica, tal vez la primera religión del mundo, nacida en las regiones de Siberia y Mongolia. Pero a partir del siglo XIII, con la llegada del budismo lamaísta al país, a manos del Kublai Khan, nieto de Gengis Khan y cicerón de Marco Polo en su viaje por Asia, el chamanismo comienza a perder adeptos a medida que el budismo los gana. Algunos elementos tradicionales del chamanismo fueron adaptados por la nueva religión, y los ovoós son un buen ejemplo.

En los meses que preceden al Naadam los mejores caballos, como los mejores luchadores y arqueros, reciben un meticuloso entrenamiento, del que hemos podido ser testigos. Las llamadas “fiestas de ovoó” sirven para poner a prueba a esos futuros competidores del Nadaam, en unas pruebas que distan mucho de la dureza que deberán soportar en los días de la Fiesta Nacional. 

Estas celebraciones también sirven para comenzar a perfilar a quienes serán los favoritos en las competiciones del Nadaam, lo que por un lado favorece las apuestas, y por otro coloca a los mejores caballos en el punto de mira de las mafias y los tramposos.

Según relataba el ex-Viceministro de Seguridad de Mongolia General Battsagan Tsiiregzen; “es necesario llevar un control riguroso de los participantes hasta el instante en que el caballo ganador llega a la meta, ya que hemos descubierto las trampas de algunos competidores que llegan a ocultar su caballo a medio camino para que a media carrera aparezca mucho más fresco y descansado que los demás participantes, o corredores que cambian su caballo a media carrera por otro del mismo color y apariencia, haciéndolo pasar por el mismo. Otras veces hemos recibido denuncias de los propietarios de los caballos favoritos, a los que llegaron a cortarles los tendones la noche antes de la carrera. Y hemos recibido denuncias de los pastores que llegan a la capital para participar en el Nadaam, que afirman que algunos caballos de Ulan Bator han sido drogados o alimentados con estimulantes para ser mas veloces en la carrera...”.

Según el General Tsiiregzen, existen auténticas “mafias” que conspiran para evitar que los caballos favoritos llegados desde lejanas provincias, puedan ganar la carrera, utilizando argucias como la de dar la vuelta a media carrera, si el caballo que va en cabeza no es uno de los pertenecientes a los grandes propietarios de la capital, con lo cual la carrera es suspendida, y el caballo visitante llega a la meta extenuado y desconocedor de que sus esfuerzos han sido inútiles. En la siguiente carrera ese animal esta demasiado cansado para volver a ganar, y el triunfo es para los conspiradores. 


“El año pasado –recuerda el General- un pastor del lago Hosvod ganó la primera carrera, pero justo antes de llegar a la meta varios corredores dieron la vuelta e hicieron que esa carrera no fuese válida, pero el pastor sólo se enteró después de cruzar la línea de meta con su caballo completamente agotado. Evidentemente no pudo presentarse a la segunda carrera y perdió la competición. El pobre muchacho había salido de su casa en marzo para llegar aquí a tiempo de participar en el Nadaam...”.

UNA CEREMONIA RITUAL LIDERADA 
POR EL PRESIDENTE

Lejos del fragor de los caballos, que disputan sus carreras en las afueras de la capital, la ceremonia oficial de inauguración del Nadaam se celebra en el Palacio de los Deportes de Ulan Bator, donde el mismísimo presidente del país, Nasaguin Bagabandy, joven demócrata con menos de un lustro en el poder, hace las veces de maestro de ceremonias.

Entre la algarabía del público que abarrota las gradas, la guardia de gala entra en el estadio portando opulentos estandartes. Caballos y jinetes muestran sus mejores vestiduras, y desfilan con precisión milimétrica ante las autoridades del palco presidencial. El control que los guardias tienen de sus caballos resulta desconcertante para el profano que ignora que en Mongolia, los niños comienzan a cabalgar casi antes que a caminar.

La colocación de los estandartes en una especie de “altar” situado ante el palco presidencial es todo un espectáculo de perfecta coreografía. Ni siquiera la época de control comunista sobre Mongolia, que terminó hace pocos años, pudo evitar que en ese instante todos los participantes en el Nadaam invocasen el espíritu de Gengis Khan, el gran conquistador, para que favoreciese los juegos.

A partir de ese instante todos los participantes desfilaran ante el “altar” de los estandartes para presentar sus respetos y pedir buena fortuna en las pruebas. Primero lo hacen los arqueros y arqueras, y después casi 500 luchadores de todas las edades y pesos; ellos son los verdaderos protagonistas del Nadaam.

Una vez presentados sus respetos ante los estandartes, los arqueros se desplazan a un campo de tiro ubicado a pocos metros del estadio. Allí procederán a celebrarse las pruebas de arco.

Los arqueros no disparan contra una diana, sino contra un conjunto de pequeños cilindros de madera que deberán derribar demostrando así su pericia. Antes de cada tiro un oficiante emite unos cánticos rituales para llamar a la flecha e indicarle el camino, y cuando el tirador consigue un pleno, rompe en gritos de júbilo. 

Al igual que los arqueros marciales japoneses, todo en las pruebas de tiro del Nadaam es rito y símbolo, y el espíritu del Gran Khan se puede palpar en el ambiente hoy como hace siglos.





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