lunes, 6 de enero de 2020

LOS HERMANOS DE UMMO


Sonia e Hilda: las hermanas Cronfel:

La historia de las hermanas Cronfel es uno de los casos más densos, oscuros, siniestros y tristes que he tenido la oportunidad de investigar. Sobre todo triste. Pero ilustra, como pocos, el daño que el mundo del misterio puede hacer en mentes inmaduras y frágiles. Y también la irresponsable actitud de quienes se autodenominan divulgadores o periodistas del misterio, dispuestos a publicar cualquier estupidez fantástica e indemostrable, sin pensar en cómo sus libros, nuestros libros, artículos o programas, pueden reforzar los delirios irracionales de personas como Sonia e Hilda.

Porque, a pesar de su enfermedad y del daño que causaron, Sonia e Hilda probablemente creían todas las tonterías que leían sobre los extraterrestres del planeta Ummo. Hasta el punto de matar y morir por esas creencias… 



Sonia e Hilda eran dos jóvenes guapas, con formación universitaria y pertenecientes a una gran y acomodada familia de origen palestino. Nacidas en la ciudad de La Ceiba (Honduras), en 1952 y 1955 respectivamente, según mi investigación adquirieron la nacionalidad española en agosto de 1989.

Hijas del empresario Abud H. Cronfel, radicado en Miami, y con empresas en Estados Unidos y Panamá, al menos una de ellas, Hilda, figuraba en los registros como vocal de una de dichas empresas: Baraya Holdings Inc., disuelta oficialmente el 17 de diciembre de 1993. 

J. J. Benítez en coma 

El día 5 de mayo de 1989, el diario español El País publicaba un extraño anuncio, en su sección de clasificados: 

«Josefina Benítez. Urgente. Comuníquese con Sonia Cronfel. Teléfono […] Tengo para usted un mensaje importante de J. J. Benítez». 

Exactamente quince días después, el 20 de mayo de 1989, el mismo diario publicaba un anuncio aún más inquietante: 

«El escritor J. J. Benítez y Jorge Benítez se encuentran en estado de coma. Se ruega a sus padres y hermana comunicarse con Sonia Cronfel. Teléfono […]». 

Por supuesto, la publicación de este anuncio produjo una profunda preocupación en la familia del escritor primero, en la comunidad ufológica después, y también en la propia redacción del diario El País, que inmediatamente alertó a su departamento comercial (el anuncio se había contratado a través de la agencia Supra) para que confirmase la autenticidad del clasificado. E inmediatamente se pusieron en contacto con Benítez, quien desacreditó la noticia. 

El País publicó, el lunes siguiente, una columna de rectificación en la sección «Sociedad», en la que informaba de que el periodista navarro se encontraba en perfecto estado de salud, y se disculpaba por el pánico que aquel anuncio había provocado entre los familiares, amigos y seguidores de J. J. Benítez. Y dos días después el defensor de los lectores se ponía en contacto con la contratante del anuncio, Sonia Cronfel Kawas, quien insistía, pese a todo, en la credibilidad de la información, mostrándose indignada con el periódico por su nota de desmentido. 

Según explicaba José Miguel Larraya en el mismo diario, el domingo 28 de mayo de 1989: 

«Sonia Cronfel acusó a este diario de tratarla de loca por afirmar que el anuncio era falso. Dijo haber actuado por motivos humanitarios, presionada por una carta anónima en la que se detallaban los dos anuncios que debía insertar en El País dejando pasar quince días entre el primero y el segundo, y en la que se advertía que estaban en juego las vidas de seis personas. La anunciante pagó setenta mil de las antiguas pesetas por la inclusión de los dos anuncios y dijo estar dispuesta a hacer llegar al diario una fotocopia de la carta anónima en la que, entre otras cosas, se afirmaba que Juan José Benítez había sido suplantado por un doble, y relacionaba dicha suplantación con la existencia de una macabra clínica en el subsuelo de una conocida clínica psiquiátrica de Madrid. Juan José Benítez, que expresó su preocupación por el alcance que pudiera tener el falso anuncio, ha desistido de iniciar acciones legales contra la persona que insertó el aviso».



Por supuesto, toda la comunidad ufológica española, y también internacional, concentró su atención en estos misteriosos anuncios, y en los mensajes epistolares anónimos que los habían originado. 

Ya en ese momento me reuní con uno de los máximos responsables del grupo de sectas de la Brigada de Información del Cuerpo Nacional de Policía (Eliseo A.), que se había personado en el domicilio de las hermanas Sonia e Hilda Cronfel para averiguar en qué consistían aquellas supuestas amenazas a un grupo de seis personas y el origen de toda esta información. Según me explicó el inspector jefe Eliseo A., un viejo amigo con quien había coincidido en muchas investigaciones sobre sectas y grupos radicales, las hermanas Cronfel pertenecían a un supuesto grupo de contacto autodenominado, según las informaciones policiales, «los Amigos de los Hermanos de Ummo». Según Eliseo A., el grupo presentaba una cosmovisión absolutamente delirante e irracional en la que se mezclaban experimentos médicos, gobiernos ocultos y extraterrestres… 

A los policías, y a mí también, nos pareció un tema irrelevante que no tenía mayor recorrido que la anécdota de aquellos anuncios en El País, que tanta preocupación gratuita e innecesaria generaron en la familia y amigos de J. J. Benítez. Pero todos nos equivocamos… 





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