miércoles, 1 de enero de 2020

LOS INQUILINOS DEL ALMA




Cuando se escucha el término posesión, inmediatamente viene a nuestra mente la célebre obra de V. P. Blatty El exorcista. Pero la posesión diabólica no es más que una variedad de posesión que, supuestamente, se produce en el contexto esotérico. En su día, Gabriel Carrión y yo subdividíamos los casos de posesión esotérica en cuatro campos genéricos:




— Posesión diabólica. El sujeto cree que el diablo o cualquier entidad demoníaca se ha introducido en su cuerpo. Puede acompañarse de otra fenomenología supuestamente sobrenatural, como dermogramas, conocimiento de sucesos por vía no sensorial, animadversión violenta a los símbolos religiosos, hiperdinamismo o sansonismo, etc.

— Posesión angélica. Referente a la pretendida incorporación de ángeles, de Jesucristo o de la Virgen, que se manifiestan a través del místico en trance. Puede ir acompañada de otros «signos de divinidad», como estigmas, don de lenguas, etc.

— Posesión espírita. No son ángeles ni demonios, sino «entidades astrales», o los espíritus de humanos descarnados los que se apoderan del cuerpo y de la mente del médium. supuestamente puede rodearse de otros efectos físicos y psíquicos, como materializaciones, levitación, poltergeist, etc.

— Posesión extraterrestre. Es la moda más reciente. En la transpolación tecnológica del espiritismo, que son los contactos con ovnis, aparecen también episodios en los que supuestamente seres alienígenas utilizan el cuerpo y la mente de seres humanos para manifestarse. En los casos más llamativos los mensajes pueden, supuestamente, predecir avistamientos de ovnis previa cita, etc.

Básicamente, no hay diferencias entre unos y otros. Solo cambia la interpretación de la posesión, que depende de las creencias y tendencias esotéricas del individuo poseído. Y según mi dilatada experiencia, tampoco cambia mucho el origen: en la mayoría de los casos, el fraude o la fabulación inconsciente.

Naturalmente, el mismo término posesión es controvertido, ya que implica la existencia de una inteligencia invasora, ajena al sujeto.

Personalmente, tiendo a no aceptar la existencia de esas inteligencias, así que utilizo el término posesión para referirme a lo que popularmente se entiende en esoterismo como tal, sin identificarme con dicha creencia.

En este sentido, era de elogiar la política de la Iglesia católica en esta materia. Pues, aun manteniendo como dogma de fe la creencia en demonios capaces de poseer a seres humanos, durante décadas fue exquisitamente prudente a la hora de aprobar oficialmente un exorcismo y, por tanto, de reconocer como real una posesión. Al menos hasta ahora.



ACCEDE GRATUITAMENTE A LA REVISTA "EL OJO CRÍTICO" EDITADA POR MANUEL CARBALLAL

ACCEDE GRATUITAMENTE A LA REVISTA "EL OJO CRÍTICO" EDITADA POR MANUEL CARBALLAL
¡DESCARGA TU REVISTA EN PDF GRATIS!