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miércoles, 8 de enero de 2020

VÍCTIMAS DE DELITOS ESOTÉRICOS



No debe extrañarnos la carencia de información victimológica que existe sobre los delitos esotéricos, en vista de la similar carencia informativa que existe sobre dichos delitos en sí mismos. Son todavía muy pocos los policías, y menos aún los abogados, jueces o criminólogos, que se han ocupado a fondo de este tipo de delitos. 

Quien esto escribe ya ha publicado con anterioridad docenas de trabajos sobre criminología esotérica y la investigación policial de estos temas; sin embargo, nunca se había estudiado el papel de la víctima en este tipo de delitos. De hecho, las publicaciones existentes sobre «criminología esotérica» en general son más que insuficientes. 




Prácticamente solo el célebre Antonio Viqueira Hinojosa, jefe de Policía y profesor de Criminología, amén de ser el primer policía que empleó el término criminalidad esotérica en un artículo de la revista oficial del cuerpo hace años, se ha ocupado en profundidad de este problema. Problema que, a medida que avanza el nuevo milenio, ocupa cada vez más a los cuerpos de seguridad. 

Sin duda, la razón que con más frecuencia hace llegar a una comisaría de Policía denuncias relacionadas con cuestiones esotéricas u ocultistas son las estafas. Y de todas esas estafas las más frecuentes son las realizadas por el «timo del trabajito». 

En 1995 tuve la oportunidad de dirigir un estudio, posteriormente publicado por la revista oficial del Cuerpo Superior de Policía, en el que se analizaban las principales causas de denuncias por estafas esotéricas. Para ello fueron publicados una serie de anuncios en diferentes revistas, programas de radio, boletines, etc., especializados en temas paranormales, solicitando que quienes se considerasen estafados por un vidente se pusiesen en contacto con nosotros. 

De todos los sujetos que respondieron, por carta o teléfono, a este requerimiento, más del 60 por ciento afirmaban haber sido estafados por el «timo del trabajito». En pocas palabras, esta estafa, la más practicada en España por falsos videntes, se produce de la siguiente manera. Un individuo (principalmente mujeres, con edades comprendidas entre los treinta y cincuenta años) acude a la consulta de un vidente (con mayor frecuencia cartomantes), angustiado por un problema concreto (principalmente por asuntos de salud o amor, en un 36,5 por ciento de ambos casos, y cuestiones de trabajo o dinero en un 25 por ciento), tras la sesión de cartas, bola de cristal, I Ching, buzios, o cualquier otro sistema de diagnóstico mántico, se concluye que los problemas del consultante se deben a mal de ojo. Inmediatamente, se amedrentará a la víctima especificando que el hechizo que pesa sobre él es muy poderoso, y podrá incluso conducirle a la muerte (a él o a sus seres queridos). Y tras ese chantaje emocional, se recetará, como único remedio válido, un «trabajito» de magia que puede neutralizar el citado mal de ojo. 

Existen muchas técnicas, tanto psicológicas como mágicas (entiéndase aquí magia por ilusionismo), para hacer creer a una persona que ha sido víctima de un mal de ojo. 

Psicológicamente, el falso vidente solo se limita a reforzar las convicciones del mismo cliente, que con sus preguntas insistentes —«¿me ha dejado mi marido?», «¿va a volver?», «¿está con otra?»— está indicando inconscientemente al estafador cuál es el punto débil donde debe golpear: «No volverá, porque tú tienes la envidia de otra mujer, te han mirado mal y tienes que hacer un trabajito para romper el embrujo…». 

En cuanto al ilusionismo, en 1993 se denunció, y llevó a juicio, a la vidente, espiritualista y parapsicóloga argentina Marisa Teresa J. Entre otras truculentas artimañas, la bruja utilizaba una vieja estrategia consistente en pasar un limón por el cuerpo del cliente al que, supuestamente, se le había echado un mal de ojo. Ante sus ojos la bruja —insisto en lo peyorativo—, cortaba el limón con un afilado cuchillo y, ¡oh, sorpresa!, el interior del limón aparecía empapado en sangre. No había duda, un poderoso hechizo se había arrojado sobre el infeliz… En realidad la sangre no era tal, sino simple tinta roja que la bruja había inyectado previamente con una simple jeringuilla hipodérmica… 


En aquel caso, los ilusionistas Ladislao Enrique Márquez y Enrique Carpinetti se ocuparon de repetir ante el Tribunal de Justicia los trucos que empleaba la falsa vidente para estafar a sus víctimas por el «timo del trabajito».

Pero ¿quiénes son los estafados?, ¿quiénes son las víctimas?, ¿son acaso individuos de escaso nivel cultural?, ¿tal vez sujetos extraídos del contexto rural más humilde? La respuesta es no. 

Entre los sujetos que se consideran estafados por falsos videntes a los que yo haya entrevistado personalmente, puedo mencionar personajes tan variopintos como la actriz Teté Delgado (protagonista de la serie El súper de Telecinco); directores de cine como Jacinto Molina; presentadores de Televisión Española como Isabel Borondo; humoristas como Gila; artistas como Lola Flores, etc. No, no se trata de su nivel social o cultural, no se trata de su estatus económico, ni de su sexo, ni de su edad. El estudio sobre el perfil de las víctimas potenciales de estafas esotéricas hay que buscarlo precisamente en la victimología. 

En los últimos años, el autor ha tenido la triste oportunidad de recoger numerosos testimonios de personas estafadas por falsos videntes. Víctimas de un cruel engaño que a veces les ha costado su dinero, otras su libertad, y en los casos más dramáticos hasta la vida… Y como muestra, un botón. 

En 1994 un equipo de televisión recorrió parte de la geografía española y portuguesa siguiendo la pista de varios estafadores esotéricos. La investigación y la producción eran responsabilidad del autor, y la realización de Gabriel Carrión. Fruto de aquel reportaje, que por cierto se emitió en el programa Secretos y misterios de Telecinco, fueron varios testimonios directos de fraudes paranormales. 

Luisa B., por ejemplo, era un ama de casa de cincuenta años. En 1993 acudió a una conocida vidente gallega, Geli, influenciada por los comentarios de una amiga. En este caso era un problema de salud lo que motivó la consulta. La bruja pidió a Luisa ropa interior de toda la familia sin lavar, velas y otros objetos personales. Incluso llegó a visitar el domicilio familiar para realizar una «limpieza de energías negativas». Al final, Luisa había desembolsado casi cien mil pesetas (seiscientos euros) y sus problemas continuaban igual. No obstante, y a pesar de prestar su testimonio ante nuestras cámaras, Luisa B. continúa creyendo en la videncia y la adivinación, y ha vuelto a frecuentar a profesionales del ramo.

Antonia V. es una pequeña empresaria. Posee varios negocios, y uno de ellos fue el que motivó su consulta a un famoso brujo que «ha trabajado» en muchas ciudades españolas. «Acudí a Papa Mustapha al ver su anuncio en el periódico —declaró Antonia V.—. El mesón iba mal y empezábamos a tener problemas con las facturas. Él me dijo que me garantizaba al ciento por ciento los resultados de su hechizo, y me pidió solo la mitad del dinero por adelantado. Si el hechizo no funcionaba no le pagaría el resto, y además me devolvería el dinero adelantado, así que me confié.» 

Papa Mustapha se anunciaba en varios diarios españoles de esta guisa: «Gran mago africano: ayudo a resolver cualquier problema. Amor, salud, trabajo, mejora de la persona y la situación financiera. Fortuna, invalidez, ceguera, alcoholemia, muscular, drogas, etc.». 

Antonia V. entregó al «gran mago africano» casi cuatrocientas mil pesetas de las de entonces, y debería entregar otras trescientas cincuenta mil cuando su problema se hubiese resuelto, pero el tiempo pasaba y el negocio de Antonia continuaba en picado. Cuando quiso acudir a la consulta del brujo para reclamar su dinero, Mustapha había desaparecido con sus cuatrocientas mil pesetas, y con sumas similares de otros muchos clientes estafados, «pagando solo la mitad por adelantado»… 

Por cierto, seguimos la pista de Papa Mustapha hasta Lisboa, desde donde huyó a África dejando tras de sí una larga lista de estafados como Antonia, quien, por cierto, continúa frecuentando el mundo esotérico. 

Tanto Luisa B. como Antonia V. decidieron dar el dinero por perdido y se abstuvieron de iniciar actuaciones legales. «¿Y si lo denuncio —declaraban las timadas— y me echa un mal de ojo?» Tome nota el lector. 


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